La medición de la huella social de la Responsabilidad Social es, cada vez más, un requisito imprescindible.

RSE

No se deben aplicar los mismos criterios a todas las acciones de RS. Y, cuando contemplamos los efectos de las acciones de RS, debemos desligarlas de un criterio puramente utilitarista, de resultados medibles.

Lo que no se mide, no existe”. Y “solo se mide lo que se valora”. Me parece bien, claro. Si estás haciendo cosas para tus stakeholders, para crear valor para ellos, para solucionar sus problemas, es lógico que intentes hacerlo de la mejor manera posible. Y, por tanto, que lo midas. Y lo mejores. Y lo comuniques. Eso es lo que esperan tus stakeholders, y las onegés, y los medios de comunicación, y los políticos, y la sociedad.

De acuerdo. Pero no del todo. Supongamos que una empresa se ocupa de sus empleados, más allá de lo que les paga: trata de darles formación, mejorar su empleabilidad, facilitar la compatibilidad trabajo-familia… Todo esto crea valor para ellos, y puedo medirlo o, al menos, tratar de medirlo. Además, soy consciente de que mi sistema de incentivos puede provocar actuaciones inmorales, como animar a mis vendedores a mentir al cliente, o a “robar” un cliente a otro colega. Por tanto,dentro de mi responsabilidad hacia mis empleados debe incluirse la huella social de ese cambio de incentivos. Pero, ¿tiene sentido medir el desarrollo de las virtudes y la lucha contra los vicios? ¿Cuánto vale para la sociedad, o para mis empleados, o para mi empresa la disminución de las mentiras a los clientes? Claro que puedo hacer supuestos heroicos sobre el número de contratos perdidos porque el cliente se ha rebotado ante una mentira de mis vendedores, pero… ¿cómo medir el empeoramiento de las actitudes y los valores de esos vendedores?

Todo esto se me ocurrió el otro día, leyendo un folleto que me envió mi buen amigo Ignacio Valduérteles, titulado “Informe sobre la caridad en las Hermandades de Sevilla”. Las Hermandades son asociaciones que tienen un carácter religioso y social, y que ocupan un lugar importantísimo en la vida sevillana. Ignacio dirigió un estudio sobre la acción social de esas Hermandades y Cofradías, en forma de diversas atenciones, en metálico o en especie, Es acción social, no propiamente RS, porque no son empresas, sino entidades de finalidades religiosas y sociales, como ya he dicho. Pero parece bueno medir su impacto, ¿no?

No es eso lo que pretende el libro. Hay tres ideas que me llamaron la atención en el texto.

1) Las Hermandades no hacen caridad; esta es una virtud, y las virtudes las viven las personas, no las asociaciones, empresas o instituciones. La caridad la practican los hermanos, es decir, los socios de las Hermandades. Estas solo canalizan y promueven el ejercicio de la virtud de la caridad (algunos preferirán llamarla solidaridad). Por tanto, los destinatarios de la acción de las Hermandades son, primero, los hermanos, que son los que deben ejercer la caridad. La mejora que esto representará en su vida personal será un subproducto de sus donaciones y horas de voluntariado. La medición de los impactos de esa acción social es secundaria.

2) Las Hermandades no tratan de erradicar la pobreza, sino de atender necesidades concretas.Procuran, por ejemplo, que los receptores de su acción social no sean siempre los mismos, para no crear dependencia. En una nota al pie, Ignacio Valduérteles recoge una frase de agradecimiento de un receptor de la ayuda, no solo por la cuantía de esta, sino “por haberme escuchado y mirarme a la cara”. ¿Cuántos euros “vale” el “mirarme a la cara”?

3) La tercera idea se deriva de las dos anteriores: la eficacia (medida con criterios cuantitativos) no es el único criterio, ni siquiera el principal, en la acción social de las Hermandades y, me parece, tampoco debe serlo en la RS de las empresas. Para las entidades sevillanas, cuenta más, por ejemplo, la proximidad: valoran más una ayuda a un vecino que unos millones a alguien que está muy lejos. Porque vivir en sociedad empieza por vivir en comunidad, en proximidad.

Todo esto, claro, no desmiente la relevancia de la medición de la huella social de la RS, o de la filantropía, o de la acción social. Pero, me parece, nos mueve a actuar con prudencia. No se deben aplicar los mismos criterios a todas las acciones de RS. Y, cuando contemplamos los efectos de las acciones de RS, debemos desligarlas de un criterio puramente utilitarista, de resultados medibles.

Publicado en Estrategia y Negocios. net