Cursar un Master in Business Administration implica un sacrificio tanto en términos económicos como de tiempos personales y profesionales. Cómo aprovecharlo para que se convierta en un salto o cambio de rumbo en la carrera.

Estudiar siempre impacta positivamente en la vida de una persona, pero tomar la decisión de hacer un MBA puede resultar un giro profesional que trae aparejado casi inmediatamente un aumento en los ingresos y la posición laboral. Así se puede comprobar en las siguientes historias.

Administrar la medicina
Un MBA da, principalmente, herramientas de management y permite aprender a gestionar. Eso lo vio Pablo Pescie (50), médico clínico de la UBA, que atendía un consultorio y trabajaba para una corporación médica.

Había hecho posgrados de especialización en medicina en España, pero en 2006 se le planteó el desafío de crear una empresa de medicina prepaga. Ahí decidió hacer un MBA, opción que cambió “sustancialmente” su vida laboral. “Me llamaron de Mapfre y empecé a atender a pacientes lesionados de tránsito. Luego me nombraron jefe de Servicio Médico del grupo y gerente de Desarrollo Médico”.

Allí surgió la posibilidad de crear su empresa. “Elegí elMBA de la UADE porque me ofrecían estudiar con el método del caso, bueno para alguien que no venía del mundo de la economía”, cuenta. Enseguida llegó el ascenso a la dirección ejecutiva de la empresa. “No fue algo planificado, sino que fui detrás de los desafíos y busqué en el posgrado las herramientas. No me costó, aunque venía de otra disciplina.

Tuve excelentes profesores, que fueron muy comprensivos”. Siente que, a partir del MBA, “todo fue ganancia”. Y reivindica su vocación: “Estudié medicina por lo que significa. Hay algo a lo que no se le da tanta importancia, que es el trato humano a los pacientes y empleados. Es esencial. Ese criterio de cuidar a la gente lo sigo desarrollando en mi carrera y soy feliz ejerciendo la profesión que elegí”.

El camino a la carrera propia
Leandro Bianco (35) trabajaba en una pyme familiar mientras estudiaba la Licenciatura en Administración. Ya recibido, obtuvo un empleo en una multinacional y fue docente universitario. En 2008, pensó que tenía la edad y era la oportunidad de crecer profesionalmente.

Decidió hacer el Master en Alta Dirección de Empresas en la Universidad Abierta Interamericana (UAI), donde cursaba viernes y sábados casi todos los fines de semana. Con el título del posgrado consiguió un trabajo en Bay Sur Motor, donde conduce hoy el área de Repuestos. “Lo logré por el master. Es un plus necesario para acceder a un mando medio o alto en cualquier empresa hoy”.

Del master reconoce los “conocimientos sobre coaching, trabajo en equipo y percepción sobre nuevos mercados”. ¿Por qué estudiar en el país y no en el exterior? “La educación argentina es buena y, en mi maestría, había estudiantes de muchos países”, señala.

“No descarto estudiar en el exterior, pero la formación local te permite analizar mejor la realidad de los mercados como este, que tiene una economía emergente difícil de entender desde una universidad de los Estados Unidos o de Europa”.

Una vida para el estudio
¿Por qué un ingeniero de casi 60 años y una carrera consolidada en una empresa de servicios públicos se embarca a cursar un MBA durante dos años y, hoy, se propone hacer un doctorado en Administración de Empresas y otro en Ingeniería? Es la historia de Carlos Rubin, egresado de la Universidad Nacional de La Plata, que eligió la UTN para hacer un MBA, que cursó en casi tres años.

“Me gustó la propuesta. Eran dos años y uno más para la tesis y el primer día tuve una reunión extensa con el secretario Académico en la que se plantea de entrada mi tema de investigación final. Eso me llevó a hacer los seminarios del MBA como si fuera un tour donde podía tomar conocimientos para usar en mi trabajo final.

Tener de entrada ese objetivo marcó la diferencia”, narra Rubin, quien se define como un “pensador crítico”. “Me dicen que me jubile y disfrute. Pero no pienso que estudiar sea una molestia. La gimnasia mental es tan buena como la física y estudiar es mi diversión mental”, concluye.
Mónica Beltrán

Publicado en Diario El Cronista Comercial de Argentina