Para no ser expulsados del mercado laboral, ni reemplazados por un robot y seguir conectados al mundo.

“Saber programar se va a convertir como leer y escribir. A quien no conozca el código le resultará más complicado entender el mundo”.

La Universidad de Stanford de los 65 grados que ofrece, al menos la mitad se requieren conocimientos de programación. Recientemente, han lanzado 14 nuevos grados que fusionan humanidades (historia, literatura…) con Ciencias de la Computación. La universidad asegura en su web, que esta especialidad prepara a los estudiantes para trabajar en el gobierno en al ámbito académico, empresarial o en la abogacía.

“Hoy el 90% de sus alumnos toman clases de programación. Hay que saber cómo funcionan las máquinas que nos rodean por todas partes”.

En 2012 lanzaron Code.org y desde entonces siete países han incluido Ciencias de la Computación en su programa académico escolar: Australia, Argentina, Italia, Reino Unido, Corea del Sur, Arabia Saudí y Estados Unidos, en donde más de 120 escuelas públicas tienen acuerdos de colaboración con la organización. En cuatro años han formado a más de 40.000 docentes.

“La programación permite asimilar conceptos matemáticos complejos a una edad más temprana”.

Computación se introducen a los nueve años y matemáticas a los 12. “Muchos padres pensarán que sus hijos ya pasan demasiadas horas frente a una pantalla de ordenador, pero deben saber que a programar también se aprende con papel y lápiz”.

El primer ordenador se inventó en 1943, pero 100 años antes Ada Lovelace escribió el primer programa. “Solo usó su imaginación, siendo esa la clave, que como la escritura, una vez que se conoce, permite crear ideas propias y compartirlas”.

En la web code.org se ofrecen cursos gratuitos de introducción a la programación tanto para niños como para adultos y algunos de los vídeos son conducidos por Bill Gates o Mark Zuckerberg.

Otra de las opciones para aprender a programar es Arduino, un chip del tamaño de una tarjeta de crédito que se conecta al ordenador y, tras instalar un software, enseña paso a paso cómo desarrollar un código y tiene un costo bajo. El éxito del producto, que se lanzó al mercado en 2005 y el año pasado acumuló 25 millones de usuarios únicos en su web y más de 11 millones de descargas de su software, es de fácil uso. Cualquiera, desde un niño de siete años hasta un anciano de 90 pueden aprender a programar con Arduino sin ningún conocimiento previo.

Se diseñó para hacer el mundo de la computación mainstream para todo público

Que en pocos años, entiendan cómo funciona la tecnología, para comprender el mundo.

Más allá de encontrar un empleo es tener este conocimiento, le servirá para no ser un consumidor pasivo, saber hacer las preguntas y no perder libertad como ciudadano.

En la era de Internet of Things la mayoría de productos del mercado estarán conectados a Internet y quienes no entiendan qué problemas pueden surgir, se quedarán descolgados.

El surgimiento de las llamadas code academies, escuelas de programación.

La alta demanda de expertos en tecnología hizo brotar estas escuelas con cursos intensivos de 12 o 14 semanas a precios astronómicos que en algunos casos, conseguían triplicar el sueldo de los graduados.

Programar es mucho más sencillo que escribir en lenguaje natural; es más difícil escribir un artículo que un programa sencillo de ordenador.

La única forma de que la gente no se quede desempleada es aprender a controlar a los robots.

Entender la lógica de cómo funcionan los aparatos y por qué solo para sobrevivir y ser empleable.

Los productos ya no se venden con manuales, se espera que cualquiera tenga una mínima intuición tecnológica.

Todo lo que hacemos responde a un algoritmo. Es hora de que todos entiendan cómo y por qué.

Fuente: el país 21 Noviembre 2016