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Los buenos jefes o empleados con ascendiente sobre sus compañeros son clave para mejorar.

La capacidad para influir en el ambiente laboral es un factor de éxito en las organizaciones, y es una competencia que se suele entrenar en los programas de liderazgo o en los de habilidades comerciales.

¿Por qué? “Sencillo: si tienes influencia, consigues que otros quieran hacer de manera voluntaria algo que tú también deseas que ocurra, como comprar un producto o seguir una determinada estrategia” explica Pilar Jericó, presidenta de Be-Up. Ese matiz de voluntariedad es para esta especialista lo que hace de la influencia una herramienta de gestión más efectiva que el mero poder. Este contexto es igual al que se da con los consumidores, ellos deciden libremente si compran un producto, y los profesionales también pueden escoger comprometerse o no con un proyecto.

El fin de la era de los jefes autoritarios

La complejidad a la que se enfrentan las empresas no se afronta bien con esquemas jerárquicos.  Hace falta tener plantillas comprometidas con la misión, y que se sientan en un entorno de confianza para poder aportar su potencial.

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Los estilos autoritarios entran en conflicto con los mecanismos de motivación y no ayudan a conservar el talento.

Con frecuencia se asocia la influencia al carisma.

El líder mesiánico de personalidad arrolladora está en franca decadencia. La seducción es una imagen atractiva, pero si detrás de ella no hay credibilidad y coherencia con el discurso, no se sostendrá en el tiempo. El líder de hoy vive alejado de los focos, ya que su prioridad es lograr que sus colaboradores den lo mejor de sí mismos, y no podrán hacerlo si estos se limitan a ser sus seguidores; se les exige participación. Por eso, el líder influyente sabe abrir espacio para que su gente se involucre en el proyecto. Él puede abrir el camino, tener la visión, pero luego ese camino se recorrerá entre todos.

Tener una gran red de contactos.

Poseer visión de futuro o ser un referente de comportamiento ético son cualidades que adornan a muchas personas con influjo sobre los demás. Aunque, la verdadera influencia se consigue erigiéndose en un gran experto en alguna materia de conocimiento. La persona influyente es aquella que los demás identifican como una figura go to, a la que acuden a consultarle porque es la que más sabe sobre un tema en concreto. Dos son los tipos de ayuda que demanda la gente de un especialista: que expliquen cosas complejas de una forma sencilla; y que enseñen cómo se hace algo que no saben hacer, desde una tarta a una presentación ganadora.

#PAEMX - ExpertoCómo se logra posicionar alguien como experto.

Primero siéndolo de verdad, no sólo en apariencia. Hay que ganarse la credibilidad, y para eso es necesario formarse, investigar, mantenerse al día. Y después, compartiendo ese conocimiento de manera desinteresada. Estando disponible cuando vayan a preguntarle o mandando un correo electrónico cuando piense que puede aportar información útil a sus compañeros sobre una cuestión que les afecte.

De abajo arriba.

Y es que la influencia no sólo se ejerce desde las posiciones dominantes en la jerarquía. También funciona de abajo arriba. El secreto para influir en los mandos, está en no darles más trabajo del que ya tienen. Un empleado que sólo sabe quejarse y exigir se convierte en una carga suplementaria para su jefe, que tendrá que lidiar con esas demandas. En cambio, si además de poner sobre la mesa el problema, el colaborador trae consigo una posible solución o alternativa, o al menos se pone a disposición del equipo para ayudar a buscarla, puede hacer que su jefe cambie de parecer o que opte por adoptar su sugerencia.

De igual forma, también se influye sobre los compañeros de trabajo. ¿Cuál es la mejor manera de hacerlo? “Colaborando con ellos con honestidad y transparencia, sin agendas ocultas y compartiendo objetivos”. La honestidad es, de hecho, el rasgo que marca la frontera entre influencia y manipulación. La manipulación implica un ganar-perder. Es intentar conseguir un beneficio inmediato a costa de otro. Mientras que la influencia construye relaciones a largo plazo en las que todas las partes salen ganando.

Un enfoque ganar – ganar sólo ve factible si la persona que trata de conseguir ese impacto en su entorno demuestra tener suficiente inteligencia emocional. “Confianza, asertividad y comunicación son fundamentales. Hay que aprender a escuchar y saber ponerse en los zapatos del otro. Porque se influye mejor cuando uno se ha tomado tiempo para conocer a los demás y descubrir las cosas que les preocupan, les importan y los motivan”.

Las cuatro formas de pedir en función del nivel de destreza y experiencia.

Instruir

Si el colaborador nunca ha realizado esa tarea, al tiempo que se hace la petición se le enseña cómo realizarla.

Persuadir

El subordinado ya ha realizado esa tarea en alguna ocasión, y la misión del jefe será argumentarle la necesidad de volver a hacerla, que quede convencido de que es imprescindible.

Participar

El colaborador tiene bastante experiencia y, de hecho, es mejor que su jefe en esas funciones. Aquí lo más adecuado es pedir su opinión, hacerle partícipe, preguntarle: “¿a ti qué te parece?” o “¿tú cómo lo harías?”

Delegar

El profesional es un especialista que ha asumido esa responsabilidad. La mejor manera de pedirle que haga esa tarea es no pedírselo en absoluto, porque él ya sabe de sobra que tiene que hacerla y, probablemente, ya la esté haciendo.