Máquinas con precios que empiezan en US$20.000 ayudan a realizar tareas tediosas y a menudo peligrosas

n74Los robots se abren paso en las pequeñas fábricas

Una nueva raza de las llamadas máquinas colaborativas —diseñadas para trabajar junto con humanos en ambientes cerrados— está cambiando la forma en que operan algunos de los productores más pequeños de Estados Unidos.

Las máquinas, con precios que van desde US$20.000 en ese país, les dan a esas empresas, entre ellas pequeños fabricantes de joyas y juguetes, nuevos incentivos para automatizar sus procesos con el fin de aumentar la productividad general y reducir los costos laborales.

En Panek Precision Inc., un fabricante de partes del estado de Illinois, pequeños robots colocan partes de metal en máquinas cortadoras y luego quitan las piezas cuando ya están terminadas. Es un trabajo tedioso y aceitoso, que antes era realizado por operadores de máquinas que ganaban unos US$16,50 la hora.

Un robot nuevo duplicó la producción frente a una máquina que era operada por un empleado “porque los robots trabajan toda la noche, no se toman una pausa para almorzar y simplemente siguen trabajando”, afirma Gregg Panek, presidente de la empresa. En algunos casos, los robots, que son brazos articulados, incluso pueden sostener una parte mientras es cortada, ya que no hay peligro de que resulten heridos.

Los robots están presentes en las fábricas desde hace décadas. No obstante, eran en su mayoría grandes máquinas de cientos de miles de dólares que debían mantenerse en espacios delimitados para que no chocaran con las personas. Dichas máquinas podían llevar a cabo sólo una tarea, una y otra vez, aunque con suma rapidez y precisión. Por lo tanto, no eran ni asequibles ni prácticas para las pequeñas empresas.

Los robots colaborativos pueden programarse para realizar una tarea un día —como recoger piezas de una línea de ensamblaje y ponerlas en una caja— y otra al día siguiente.

Algunos son móviles y pueden desplazarse con libertad dentro de una fábrica. El uso de sensores avanzados permite que se detengan o cambien de posición cuando una persona se atraviesa en su camino, lo que soluciona un problema de seguridad que impedía que los robots pudieran trabajar en espacios más reducidos.

Las pequeñas empresas suelen necesitar flexibilidad “porque no sólo están empaquetando galletas sin parar”, afirma Dan Kara, experto en robótica de ABI Research, una firma de investigación de mercado del estado de Nueva York.

Al menos una compañía ya fabrica robots humanoides, con brazos y rostros en pantallas de computadoras que pueden mostrar emociones como sorpresa. Sin embargo, la mayoría no tiene carisma.

Un motivo por el que la tendencia aún no se extiende más es el miedo. Algunos gerentes temen que los trabajadores vean a las máquinas como competidores por empleos y se resistan a su instalación.

Panek dice que se dio cuenta de que su negocio familiar estaba listo para los robots en 2012, luego de ver una demostración en una feria de herramientas mecánicas en Chicago.

Cada robot cuesta entre US$50.000 y US$60.000. Panek planea agregar 14 para fines del próximo año, señala.

“Tener los robots nos ha permitido trasladar a nuestros trabajadores actuales a tareas más útiles”, como operar máquinas más avanzadas que aún requieren supervisión humana, explica Panek. En resumen, los robots permiten que un trabajador supervise más máquinas. “Siempre necesitaremos personas”.

En lugar de operar sólo una máquina grande, Jesús Hernández, empleado de Panek desde hace nueve años, ahora supervisa varios robots.

“Al principio, dudaba de que pudieran hacer lo que hacía yo, trasladar las partes, manejarlas”, dice Hernández, de 40 años. Eso cambió cuando cronometró su tarea y la de los robots. “Soy rápido, pero los robots son más rápidos”.

Los trabajadores de la fábrica de Stuller Inc., en el estado de Luisiana, bautizaron a su nuevo colega como Fred. Es un robot autónomo que parece un dispensador de agua sobre ruedas y se desplaza por una parte de la planta de 56.000 metros cuadrados, entregando herramientas a empleados en sus lugares de trabajo y guardándolas cuando ya no las necesitan.

Los gerentes pensaban que el robot podría ser impopular, ya que eliminó lo que solían ser tres empleos para humanos. “Pero la gente se acostumbró a él mucho más rápido de lo que pensamos”, dice Jeff High, director de mercadería de la empresa. Algunos empleados le hablan como si fuera una persona, cuenta High, aunque Fred no les entiende ni responde.

Los robots móviles se han utilizado desde los años 50 pero carecían de flexibilidad, ya que tenían que seguir patrones rígidos, a menudo líneas magnéticas en el suelo o las paredes. Incluso ahora, la mayoría de los sistemas deben ser cercados para que no se lleven por delante a los humanos.

Fred, fabricado por Adept Technology Inc está programado con un mapa interno y sensores que le permiten moverse en corredores llenos de gente. Si su camino es bloqueado por un objeto imprevisto o una persona en movimiento, calcula una nueva forma de llegar a su destino.

En K’NEX Brands LLC, un fabricante de juguetes del estado de Pensilvania, el nuevo robot se llama Baxter.

Vendido por Rethink Robotics Inc., una empresa de Boston que surgió de investigaciones en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, Baxter tiene dos brazos y está diseñado para desplazarse con facilidad de un lugar a otro. Es la más humanoide de las máquinas colaborativas que están en el mercado.

K’NEX, que recibió la máquina de US$20.000 en febrero, la ha estado usando para todo tipo de tareas, desde empacar cajas hasta inspeccionar partes de plástico en la línea ensamblaje. “Cuando algo sale de la línea y debe manejarse, requiere de mucho trabajo y no nos hace competitivos a nivel global”, explica Michael Araten, presidente de la firma que no cotiza en bolsa. “Así que es importante automatizarlo”.

Araten dice que programar a Baxter es fácil, pero el proceso no es perfecto. “Calibrar su velocidad es un tema clave”, señala, ya que el brazo de Baxter debe moverse a la velocidad adecuada para recibir cada parte y a veces no acierta.

“Veo a Baxter como al primer iPhone: era bueno”, pero era sólo el comienzo del desarrollo de los teléfonos inteligentes, observa.

Fuente: The Wall Street Journal