De qué sirve si los trabajadores mayores no tienen empleo.

El envejecimiento de la población, conlleva a un aumento del gasto en pensiones y en sanidad. Por otra parte, los cambios en el sistema productivo, la generación de puestos de trabajo con bajas cotizaciones sociales, y la creación de empresas de servicios con base fiscal indefinida erosionan los ingresos a la Seguridad Social.

Situación que se está dando frente a prácticamente todos los países desarrollados y que han adoptado medidas que incluyen dos objetivos: mejorar la sostenibilidad financiera del sistema y asegurar un grado de cobertura adecuada. Aumentar la edad de jubilación es la más visible de las medidas de sostenibilidad, donde la edad de jubilación alcanzará a los 67 años en 2027. Algunos analistas piden prolongar aún más la edad de retiro, cuando esta es de hecho de una de la más elevada de la OCDE.

Sólo superada por Irlanda, Reino Unido y República Checa, donde la edad de jubilación se sitúa en 68 años.

Por otra parte, de nada sirve retrasar la edad legal de jubilación si los trabajadores mayores no tienen empleo. Muchos de los trabajadores mayores, es decir con edades comprendidas entre 55 y 64 años, ocupan un puesto de trabajo, el resto está en el desempleo o la inactividad. En Alemania, Japón y Reino Unido ese porcentaje se acerca al 70%.

El porcentaje de trabajadores mayores que tiene empleo cuanto representan el 45.5% en el 2007 y cerca del 47% en el 2015. En Italia, el porcentaje de trabajadores mayores con empleo pasó del 34% en 2007 al 48% en 2015.

Las jubilaciones anticipadas –muy extendidas en algunos sectores—, contradicen el objetivo de alargar la vida laboral. En otros países las jubilaciones anticipadas no son posibles salvo si se complementan con medidas de recolocación.

Otra tendencia observada es la diversificación de las fuentes de financiación de las pensiones. Las prestaciones asistenciales, así como las pensiones que se conceden a personas que no han cotizado lo suficiente, se pagan con los impuestos y no con las cotizaciones de los asalariados. Aunque algunos países que alcanzan el pleno empleo han decidido aumentar las cotizaciones sociales, esto es algo que encarece el trabajo asalariado y no parece oportuno en diversos países, que disponen de un importante margen para mejorar la recaudación mediante la creación de empleo.

En cuanto a la mejora de la cobertura, destacan las reformas destinadas a las personas que se jubilan con carreras discontinuas, sobre todo mujeres.

  • En Japón se puede cobrar una pensión reducida con un mínimo de 10 años cotizados, frente a 25 años atrás.
  • En Canadá, el cómputo de la pensión excluye los años en que la cotización es reducida (desempleo y contratos temporales).
  • En Francia, los periodos de formación dan lugar a una pensión en condiciones más favorables. Y en numerosos países se ha alentado la natalidad con políticas de conciliación, que tanto hacen falta en nuestro país.

Es evidente que estas medidas no son viables fuera de un marco financieramente sostenible y que tengan en cuenta las evoluciones demográficas.

  • En Suecia, esto se ha conseguido mediante una “indexación” del sistema de pensiones sobre los cambios en la estructura de la población y del mercado laboral.

Pero la rapidez del cambio demográfico y la entrada en la era digital aconsejan más audacia en el esfuerzo reformador.