1 Culpan a los demás.

Tienen tendencias de atribuir su incapacidad interna, a situaciones externas de mala suerte. Es decir: piensan, por un lado, que no son capaces, y por otro, que cuando les va mal, no es culpa suya.

2 Resilientes para el cambio.

Presentan déficit en las habilidades metacognitivas. No se permiten reflexionar sobre los propios estados mentales ni reconocer sus emociones que surgen. Aprender a relacionarse con lo que uno siente, observar sus pensamientos desde la no identificación con ellos, su perfil es vivir con la depresión y la ansiedad.

3 La queja es el centro de su vida.

Lo ven todo como una profecía auto-cumplida”. Tienen miedo a pedir ayuda y comunicar las necesidades personales con empatía, no huyen del perfeccionismo para ser feliz.

4 Sienten envidia y tienen dificultad para admirar al otro.

Sus personalidades que están centradas en sí mismas y en ocasiones con una visión paranoide que les hace difícil mirar más allá. Superar la envidia pasará por auto aceptarse a uno mismo tal cual es, con sus fortalezas y debilidades. Con este proceso, llegará a la madurez psicológica.

5 Base de su personalidad es la negatividad.

Habla de sus problemas, de sus dificultades, de sí misma y de su mala fortuna, y esa forma de pensar hace que se cumplan sus expectativas. Aunque encuentren a quien cargar con su desgracia, son enfermizos, más pobres y están solos.

6 Son egoístas.

Frases como “me lo merezco, y por ello debería tener ese ascenso, “tengo que caer bien”, o “si valgo he de conseguir lo que me proponga”, no son certezas, sino etiquetas mentales poco realistas.