La corrupción es un ciclo vicioso que involucra a todos

No es solo un tema de partido políticos, debemos elevar los niveles de ética y moralidad entre la población.

Fernando Sentíes P. y Agustín Fernández G.

A los ciudadanos comunes, nos parece fácil, y hasta nos sentimos en nuestro derecho de apuntar con el dedo a los políticos o servidores públicos en general que son corruptos, los subimos a nuestro facebook y los denunciamos públicamente. Pero ya en nuestra trinchera, la verdad es que nosotros, los ciudadanos comunes y corrientes hacemos lo mismo, en mayor o en menor grado.

Tanto Huguette Labelle, la presidenta de Transparencia Internacional como Domènec Melé, profesor y catedrático en el departamento de Ética de negocios del IESE (Universidad de Navarra), dirigen su atención (al hablar de corrupción) casi exclusivamente a los estratos políticos y de altos niveles empresariales. No podemos dejar de constatar que el poder corrompe y que el poder y la impunidad son directamente proporcionales y por tanto es más fácil y más “cómodo” que se dé la corrupción en la estratosfera de la sociedad.

Sin embargo, el título de este artículo, “La corrupción somos todos” quiere significar exactamente eso: TODOS.

Todos nos contagiamos de la corrupción, aceptando que es un fenómeno mundial y conviviendo confortablemente con ella. Se dan los agentes activos, los pasivos y los espectadores. Pero nadie se salva.

Haga un examen de conciencia, y pregúntese si ha hecho, o si regularmente hace algo de lo siguiente:

  • Evadido impuestos
  • Usado facturas apócrifas
  • Falsificado documentos
  • Acelerado trámites a través de un soborno (Licencia de manejar, por ejemplo)
  • Obtenido permisos
  • Sobornado a un policía
  • Comprado plazas
  • Comprado títulos/certificados profesionales
  • Alterado datos o documentos
  • Utilizado nuestros contactos y recursos para sacar un beneficio personal
  • Engañado a un cliente
  • Se salta una fila cuando puede
  • Mentido para recibir un beneficio, etc.
  • Engañado o negado un beneficio a un empleado
  • Engañado a su jefe

Ahora pregúntese a sí mismo, ¿si tuviera la oportunidad de estar en una posición de autoridad, haría lo mismo que algunos de nuestros gobernantes? De hecho, por eso es tan anhelado el poder en Latino América, porque se convierte en una cobija de poder e impunidad. La mayoría de los servidores públicos, no lo hacen por tener la vocación de servicio, sino por el beneficio personal que ese poder y cobija les brinda.

La corrupción no es problema de la clase política o de los servidores públicos, pues éstos tienen la misma cultura que el resto del pueblo, pues salen del pueblo. Si el pueblo es corrupto, sus gobernantes son corruptos, si el pueblo es transparente, sus gobernantes son transparentes, y no se resuelve cambiando de partido político, sino elevando los niveles de ética y moralidad entre la población.

Cada uno de nosotros, somos culpables de echarle leña al fuego, no podemos sentirnos, salvo muy honrosas y contadas excepciones, con el derecho de apuntar dedos y sentirnos víctimas de los funcionarios corruptos, como si nosotros tuviéramos limpias las manos. Como dijo Jesucristo, “el que esté libre de toda culpa, que aviente la primera piedra”.

Nuestros hijos aprenden a ver la corrupción como un mal necesario, y en algunos casos como una forma sagaz de sacar ventaja sobre otros. Igual que nosotros lo hacemos y hasta cierto punto, al convivir con ella cómodamente, ¿cómo esperamos entonces que sea diferente en la siguiente generación?

Domènec Melé dice que el 42% de los jóvenes de 16 a 24 años justifica la evasión de impuestos y el fraude.

Es claro que desde un punto de vista meramente funcional, la corrupción parece ser sólo un tipo más de negociación que se sale del recinto de la ley o de lo reglamentado, llegando a ser algo socialmente aceptado, como lo son el tabaco o el alcohol, aunque hagan daño.

Consecuencias

La corrupción, que no es más que un egoísmo manifestado a través de poner el interés propio sobre el interés del grupo, a la larga sale más caro para todos, he aquí algunos ejemplos.

  1. La corrupción se vuelve como un impuesto, que cuesta a los ciudadanos entre el 7 u 8% de su ingreso en sobornos.
  2. Genera inseguridad (falta de certeza jurídica).
  3. Genera pobreza.
  4. Genera desconfianza en todo tipo de negociación.
  5. Disuade la inversión.
  6. Sólo beneficia a grupos en el poder. Generando una verdadera carrera por el poder.
  7. Detiene el desarrollo.
  8. Se estereotipa al grupo.

Conclusión

La corrupción no va a cambiar si no sucede antes lo siguiente:

  1. Generamos convicción de que la corrupción es dañina, muy dañina para todos.

    Si lo hacemos es porque no estamos tan convencidos de que el daño social que genera la corrupción es mayor al beneficio que nos representa. Esta convicción la generamos cuando vemos algunas de sus consecuencias en nuestras vidas.

  2. No se educan a las nuevas generaciones a no aceptar la corrupción.

    No va a cambiar más que inter-generacionalmente, es muy difícil que una generación se cambie a sí misma, pero lo que sí puede hacer es, una vez generada la conciencia del daño, empezar a educar a las nuevas generaciones. Por supuesto la mejor manera de educarlas sería con el ejemplo, pues como niños, aprendemos lo que vemos, no lo que nos dicen. Sin embargo, tener programas que eleven la ética y la cultura de las nuevas generaciones, cuando menos logrará que se den cuenta de la incongruencia entre lo que se enseña y lo que se vive, generando descontento y un deseo de cambio, y ese es un gran paso, pues esas generaciones educarán a sus vez, a sus hijos con la convicción de que la corrupción es dañina.

  3. Implementando mecanismos de rendición de cuentas a todos los niveles.

    Como hemos escrito antes, el poder se quiere por la cobija de impunidad que genera, ya sea por cuestiones de hecho (por el poder que se ostenta), o de derecho (fuero), mientras no se pueda traer a cualquier persona a cuentas por actos de corrupción, y que tenga consecuencias graves, lejos de dejar de suceder, va a empeorar, como ha sido, pues la impunidad es el mayor aliado de la criminalidad.

  4. Acabamos con la impunidad.

    Una cosa es tener leyes que regulen algo, y otra cosa muy diferente es que se apliquen. Los presidentes y los congresos pueden seguir expidiendo leyes, designando auditores, que mientras ésto no tenga un efecto real, palpable y perceptible en la población, no va a cambiar nada.

  5. Rompiendo paradigmas culturales.

    Hemos crecido con la mentalidad de que “no podemos”, se nota en nuestra política, en nuestros deportes, en nuestras empresas, etc. Y efectivamente, hemos sido incapaces de cambiar nuestra realidad. Preferimos mofarnos de la corrupción, hacemos “memes” y caricaturas en todos los periódicos, y aprendemos a vivir con ello y nos mimetizamos. Mientras no hagamos algo, que de veras cambie el sentido de lo que hacemos en otra dirección, nada va a cambiar. Bien decía Stephen Covey: “Sigue haciendo lo que estás haciendo, y seguirás obteniendo lo que estás obteniendo”.

“El pueblo que soporta a un tirano, lo merece”

José Martí

Finalmente les compartimos algunas estadísticas sobre la corrupción en América Latina:

Los que no mejoraron

De los 175 países de la lista de Transparencia internacional, Venezuela es el más corrupto, en el lugar 161. Le siguen Paraguay en la posición 159, Nicaragua con el lugar 133 y Honduras en el 126, aunque Honduras tuvo un salto positivo de 14 lugares y 3 puntos más de calificación en relación con el 2013. Se trata de naciones donde las instituciones son más débiles y hay un dominio del poder político. Colombia se mantuvo en el lugar 94 y Paraguay en el 150.

Según Alejandro Salas, ejecutivo de Transparencia Internacional, los dos países con economías más importantes de la región, Brasil y México, han registrado “escándalos brutales” de corrupción relacionados con la petrolera estatal Petrobras, de la nación sudamericana, y la desaparición de 43 estudiantes en Guerrero en México.

Los que empeoraron

Argentina, cayó un lugar hasta el puesto 107 aunque mantiene la misma puntuación del año pasado. “En Brasil hay avances y escándalos. En la Argentina, sólo escándalos”, agregó Salas.Perú cedió dos lugares y bajó al 85 y Ecuador cayó ocho puestos, hasta el 110.

Los que mejoraron

Uno de los saltos más llamativos en la región fue el de Honduras, que, aunque sigue muy abajo, mejoró 14 lugares hasta el 126 y subió tres puntos. “Aquí se ve claramente que el cambio de gobierno en enero asumió el presidente Juan Orlando Hernández trajo una nueva energía”.

En Chile y Uruguay -que tienen 73 puntos cada una y se ubican en el lugar 21 de las naciones menos corruptas del mundo-, las instituciones son más fuertes y la policía más confiable.

Guatemala registró otro de los mayores avances al mejorar tres puntos con respecto a 2013, aunque se mantiene en un modesto puesto 115. Otros saltos drásticos fueron los de Panamá (mejoró ocho puestos hasta el 94). Costa Rica subió dos hasta el 47.

Datos de Transparencia Internacional, en http://www.lanacion.com.ar/1749024-cuales-son-los-paises-mas-corruptos-de- america-latina.