Por Agustín Fernández Guízar y Fernando Sentíes Palacio. 2011

Hay un dicho tan antiguo como la humanidad que representa negativamente el primer límite de la venganza y positivamente el primer establecimiento de la justicia retributiva.: “Ojo por ojo y diente por diente”

Este dicho es una concreción verbal de la “Ley del Talión” de los Romanos.

Pero esta ley se refiere, históricamente, a círculos viciosos: castigo semejante al delito.

¿Qué sucedería si la Ley del Talión se aplicara también a las situaciones positivas, a círculos virtuosos?

Hay una frase que se acerca a esa concepción y que se escucha con frecuencia en los ambientes de poder: “Me debes una”. Se puede suponer que se refiere a un intercambio de favores, no de penalidades, pero, tras bambalinas, suena, también, a revancha… o algo similar.

Ya en el campo de los recursos humanos, cuando se habla de integridad, casi siempre la mente se enfoca a la integridad de los empleados, dando por supuesta la integridad de la empresa como persona moral.

¿Qué tan cierto es este supuesto?

Para poder sopesar o valorar la integridad de una empresa (todos los de la empresa), primero es necesario entender que en la empresa se integra por varios grupos de interés diferentes “stakeholders” y que representan intereses, si no antagónicos, cuando menos sí diferentes.

Es necesario darnos cuenta de la complementariedad esencial que existe entre la empresa como persona moral y sus integrantes como personas individuales, independientemente del grupo al que pertenezcan dentro de la misma empresa. Si no hay complementariedad, no hay integridad. Tendríamos separados el tornillo y la tuerca. Tendríamos piezas dispersas de rompecabezas. Sería una estatua con cera.

El fenómeno de la justicia puede ser la solución a esta disrupción. La corrupción no sólo existe en esas transacciones de soborno que se dan en los estacionamientos subterráneos, en los callejones oscuros o a las puertas de las oficinas del gobierno, con los coyotes. Hay otro tipo de corrupción más corporativa, más justificada socialmente… y es aquella que cometen quienes tienen intereses sobre la rentabilidad de la empresa y la dirigen, sobre el resto de los grupos que la forman, llámense empleados, y sobre esto quisiéramos invitarle a hacer un examen.

Un ejemplo tiene que ver con el fraude a los empleados. Todavía existen y en buen número, empresas fantasmas, cuyo único propósito es absorber las utilidades de otras empresas, de suerte que el personal nunca ve un centavo de algo que por ley le es debido.

Podríamos seguir con los ejemplos. Componendas con líderes “charros”, a espaldas de sus representados, falsos testigos en casos en que se quiere despedir a alguien sin contar con evidencias que lo justifiquen, affaires del director con la de Marketing…etc.

La respuesta a nuestra pregunta: “¿Qué tanto debemos suponer que la empresa, como persona moral, es íntegra” por default? la tenemos en esos ejemplos: “No siempre”.
Y volvemos, entonces, al punto de la integridad como algo que requiere complementariedad, que requiere unificar a las dos partes: la empresa y su personal. Es decir: la exigencia de reciprocidad, que en términos jurídicos significa justicia retributiva.

Cuando sobre la mesa del consejo, o en la oficina de recursos humanos en la junta de los lunes, se ventilan casos de corrupción de los empleados como robo, soborno, ocultamiento o falsedad de información, formación de cotos de poder, casos de acoso sexual, etc… es necesario revisar la reciprocidad.

La empresa deriva de su Visión, su Misión y su Filosofía laboral un conjunto de valores que, con frecuencia, lucen bonitamente enmarcados en el vestíbulo, para que todos los vean y en los pasillos, para que todos los tengan presentes ¿Pero son congruentes con lo que se vive día a día en la empresa?.

Cuando en el día a día se observa que estos valores no aterrizan en el comportamiento del personal o se distorsionan a conveniencia de intereses particulares, es hora de que la empresa se pregunte por la reciprocidad.

En los próximos artículos iremos ahondando en acciones que puede llevar a cabo la empresa para lograr esa reciprocidad.