Por Fernando Sentíes

Noviembre 09, 2012.

La mayoría de nosotros tiene la percepción de que países como Canadá son menos corruptos que algunos países de Latinoamérica, y es cierto, yo he vivido en ambos. La pregunta es, ¿qué hace la diferencia?, ¿son las personas o es el entorno?

Si pensamos en la fábula del mexicano que está en la fila para cruzar la frontera de visita a Estados Unidos, y antes de cruzar saca la mano y avienta la basura a la calle, y una vez que la cruza, guarda su basura en el coche hasta que llega a donde puede tirarla, pensaríamos que es el entorno. Sin embargo, esto no es así, lo demuestro.

Si esa misma persona, lejos de visitar ese país, decide y puede quedarse a vivir allá, después de un tiempo de vivir allá, verá que también hay personas que tiran la basura en la calle allá, entonces lo que hará, es tirar la basura en la calle otra vez, “porque todos lo hacen”, cuando menos esa es su percepción.

Por otro lado, si tenemos un mexicano, que no tira basura en la calle en México, lo más probable es que tampoco la tire en ningún otro lado, aunque los demás lo hagan.

Lo anterior demuestra que las convicciones y actitud de la gente que forman parte de la “personalidad”, que se forma, entre otras muchas cosas, por nuestra composición neurológica, experiencias aprendidas, etc., marcan las tendencias conductuales en cada aspecto de nuestra vida, así, si México es un país más corrupto que Canadá, no es culpa del pobre país, sino de la gente que actuamos de manera corrupta, porque en México “todo el mundo lo hace”.

Algo que demuestra claramente esto, son los resultados que emite Transparencia Internacional de las encuestas sobre el Índice de Percepción de la Corrupción de los países, y aunque se trata sólo de percepción, es lo que más cuenta, porque como dice el viejo adagio, “si el río suena, es porque agua lleva”, pero, ¿qué tan cierto es esto?.

La transparencia de México según el Índice de Percepción de la Corrupción 2011(1), es de 3.0 en una escala de 0 a 10, el de Canadá es de 8.7, ¿por qué la diferencia?

En México, la gente percibe a los cuerpos policiacos como corruptos, porque están involucrados con el narco, a los políticos como corruptos porque usan el poder para llevar a cabo sus agendas personales en lugar de las públicas, a los sindicatos como corruptos, porque no entregan cuentas a nadie ajeno al sindicato, en ocasiones, ni a los miembros del mismo.

Puesto de otra manera de forma muy simplista, sería como decir que en México, de cada 100 personas, 70 piensan que 70% sus policías, políticos y líderes sindicales son corruptos, mientras en Canadá, sólo 23 piensan que el 23% de sus policías, políticos y líderes sindicales son corruptos.

El problema somos las personas, somos nosotros quienes hacemos el entorno. No podemos esperar a que los policías o políticos que consideramos corruptos, vengan a matar al animal que nosotros todos los días alimentamos.

¿Nos podemos realmente quejar cuando somos parte de quienes sobornamos para recibir un trato especial y diferenciado, ya sea con un policía, en un restaurante o ante la justicia?, ¿haríamos lo mismo que nuestros políticos o líderes sindicales si tuviéramos la oportunidad de tener el poder?.

Peor aún, es que cuando nos hemos creado esa fama, entonces empezamos a atraer a aquellos extranjeros que quieren corromper, por ser el paraíso de la impunidad, y vienen a hacer a México, lo que no pueden hacer en sus países sin esperar consecuencias.

La Biblia advertía hace más de 2000 años: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción…”