• Será un modelo en general para los años de Trump.
  • Veremos acciones que son ridículas en sí mismas  y sumadas plantean un panorama muy aterrador.

Resulta alrededor de  800 puestos de trabajo en una nación de 145 millones de trabajadores.

  • Aproximadamente 75 mil de ellos pierden su trabajo cada día laboral, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos.

¿Cómo es que algo que ni siquiera constituye un error de redondeo en el panorama general del empleo llega a dominar un par de ciclos noticiosos?

Su cobertura fue de forma abrumadora y se tomó como positiva, al menos en los noticieros de TV. Y eso es ominoso en sí mismo. Gran parte de los medios de noticias —cuya crédula cobertura de Trump y ataque incisivo a Hillary Clinton ayudaron a llegar a donde estamos, serán aún peores, e incluso más falderos, ahora que este tipo ha sido elegido.

Recientemente Larry Summers, el exsecretario del Tesoro, en un artículo para The Washington Post, bajo el precedente de que aunque es mínimo no es bueno:

  • No sólo se trata de capitalismo de compadrazgo, es el gobierno actuando como esquema mafioso de protección, en el cual las compañías moldean sus estrategias para apaciguar a los políticos que las premian o castigan en base a la forma en que afecten a sus esfuerzos de relaciones públicas o sus fortunas personales, o ambos.
  • Es decir, estamos viendo lo que bien podría ser el principio de un descenso hacia un gobierno de república bananera.

Como escribió Summers, esto es malo para la economía y para la libertad. Tenemos todos los motivos para esperar más historias como esta en los próximos días.

Parte de todo el fenómeno Trump involucra a votantes blancos de clase obrera que apoyaron a un candidato que prometió devolver empleos industriales y en las minas de carbón del pasado. No obstante, la promesa era, y es, fraudulenta. Si intentar hacer bien el análisis es elitista, estando en serios problemas.

Entonces, ¿cómo sería un manifiesto político que apunte a ganarse a esos votantes? Se podría ofrecer mejorar sus vidas en formas que no conlleven la recuperación de viejas plantas y minas, fue lo que hizo el presidente Obama con la reforma al sistema de salud y que Hillary Clinton habría hecho con políticas para la familia y más. Pero eso, aparentemente, no es una respuesta aceptable.

¿Prometer empleos nuevos y diferentes?
La creación de puestos de trabajo bajo el gobierno de Obama ha sido bastante buena, pero no ha ofrecido empleos fabriles en los mismos lugares donde los empleos industriales han erosionado.

Entonces, ¿quizás la respuesta sean políticas regionales que promuevan el empleo en regiones en deterioro?
En principio, hacer esto ciertamente es conveniente, dado que los costos de desarraigar trabajadores y sus familias son más grandes que lo que les gusta imaginar a los economistas.
No obstante el historial de las políticas de apoyo regional en otros países, que gastan mucho más en esas cosas, es bastante malo.

Por ejemplo, la enorme ayuda a la ex Alemania Oriental no ha evitado una reducción importante en su población, mucho mayor que la declinación poblacional de los Apalaches de las últimas décadas.

Hay que admitir una fuerte sospecha de que las propuestas a favor de políticas regionales, que apunten a inducir la reubicación de industrias de servicios en el llamado Rust Belt, no serían bien recibidas y por consiguiente atacadas como elitistas. La gente quiere que vuelvan esos empleos de manufactura. Y es altanero e irrespetuoso decir que esto no puede hacerse, aun cuando sea la verdad.

Volviendo a su punto original: La meta es entender los efectos del comercio sobre el empleo manufacturero; no ganar únicamente votantes. La estadística pura no es buena para las campañas políticas, pero eso no es motivo para prohibir las estadísticas.