El futuro de los autos luce muy distinto

El consultor de ingeniería Sandy Munro posee un taller en las afueras de Detroit donde desarma autos, en busca de pistas sobre los trucos de diseño y manufactura que les puede vender a los fabricantes ansiosos por conocer rápidamente los últimos secretos de la competencia. Hace poco, Munro desmantelaba un i3 de BMW.

Ver el i3, que funciona a batería, desarmado en pedazos pone en perspectiva el camino que ha recorrido la industria automotriz en los últimos 25 años, al igual que los riesgos que corre a futuro.

El i3 combina algunas de las ideas más antiguas de la industria con algunas de las más nuevas. La carrocería, por ejemplo, está sujeta a un marco de metal, el mismo concepto que utilizó Henry Ford para el modelo T. Aunque sigue siendo parte de la estructura de las camionetas pickups de gran envergadura, la mayoría de las automotrices ahora opta por una carrocería de una pieza.

Lo nuevo del i3 es que la carrocería está hecha de fibra de carbono liviana, en lugar de acero, y el armazón es en su mayor parte de aluminio.

Combinar los nuevos materiales con las técnicas de fabricación clásica debería facilitarle a BMW crear estilos de carrocería de una pieza para sus vehículos eléctricos sin cambiar otros componentes costosos, como la batería ubicada debajo del compartimiento del pasajero.

“Nunca he visto nada semejante a este auto”, reconoce Munro, quien ha estado analizando diseños y costos de vehículos durante 26 años en su empresa Munro & Associates Inc., de Michigan.

El i3 tiene un largo camino por recorrer antes de conseguir el éxito que tuvo la serie 3 de BMW, cuyas ventas habrían superado las 500.000 unidades en todo el mundo en 2014, según las previsiones. No hay que olvidar que las ventas siguen siendo lo que más cuenta en la industria automotriz.

De todos modos, el modelo de fibra de carbono de BMW es una referencia importante para quien quiera divisar el futuro de un sector que aún es un engranaje central de la economía global después de más de un siglo.

bmw

El modelo i3, de BMW, deja de manifiesto el largo camino que ha recorrido la industria automotriz en un siglo y los riesgos que debe afrontar en el futuro. Zuma Press

¿No está convencido? Mire la cantidad de dinero que gastan los líderes políticos de todo el mundo para conseguir que instalen una fábrica de autos en su país, o los miles de millones de dólares que invirtieron en conjunto Estados Unidos y Canadá para salvar a General Motors Co.  y Chrysler Corp.

Muchos acontecimientos positivos han sucedido en las últimas dos décadas. No obstante, los problemas del sector para balancear la innovación y la inercia han sido una característica constante y prometen seguir distinguiendo a los ganadores y perdedores en el futuro. La industria de los automóviles y quienes la financian se dirigen hacia un nuevo punto de inflexión.

En el caso de EE.UU., la era de la bancarrota y la reestructuración llegó a su fin y los fabricantes reinventados de Detroit volvieron a arrojar ganancias gracias al auge del mercado interno de camiones y todoterrenos. En su momento, sin embargo, las automotrices estadounidenses gestionaron mal su éxito y despilfarraron dinero en adquisiciones y planes de diversificación que no dieron frutos.

De todos modos, la era que se avecina no será definida únicamente por el crecimiento. De ahí la importancia del i3. No son solamente la fibra de carbono, las puertas especiales o las escalas cromáticas de dos tonos que hacen de este auto algo único. El i3 apunta a una forma muy distinta de manejar los riesgos de la innovación.

El i3 deja de lado la estrategia de costos tradicional de los fabricantes, centrada en el costo de las partes, y adopta un enfoque pensando en la vida del vehículo y más allá. Las baterías están diseñadas para que sea fácil conectarlas y usarlas para, por ejemplo, guardar energía proveniente de paneles solares una vez que su vida útil en el auto llegue a su fin.

“Este auto genera ganancias”, dice Munro, algo que no repite respecto de otros modelos eléctricos.

La tecnología electrónica de punta también apunta hacia otra tendencia importante. El i3 es un modelo para un medio conectado digitalmente y urbano en el cual se prevé que, en algún momento, los vehículos piensen y actúen por sí mismos.

Los autos se están transformando en dispositivos digitales. Los sistemas de infoentretenimiento más recientes usan potentes microprocesadores adaptados de los videojuegos para proporcionar pantallas brillantes y dinámicas que podrían ayudar a los conductores a anticipar y evitar accidentes.

Los sistemas para eludir colisiones recibirán información de cámaras y sensores de radar a través de software avanzado que puede frenar, tomar el control del volante para impedir un accidente o mantener el auto dentro de su pista automáticamente. El fabricante de autos eléctricos Tesla Motors Inc.  ya está añadiendo funciones

Hace dos décadas, en la industria imperaba una cultura de máquinas que exaltaba a los “fanáticos de los autos” con “gasolina en sus venas”. Para prosperar en los próximos años, las automotrices tendrán que contratar diseñadores y gerentes que conciban los autos como nodos en una creciente red de información digital.

Por eso el i3 y el Modelo S de Tesla despiertan entusiasmo. Parecen algo realmente innovador: autos del futuro que se pueden comprar hoy.

La inercia, sin embargo, es fuerte. La mayoría de los consumidores en EE.UU. y China siguen comprando los modelos más grandes y potentes que pueden costear. La demanda de autos eléctricos e híbridos está estancada y no sobrepasa el 10% del mercado.

¿Innovar o ir a lo seguro?

¿Poner los huevos en diferentes canastas o seguir el ejemplo del presidente ejecutivo de Tesla, Elon Musk y apostar todo a una gran idea?

Toda clase de empresas evalúan estas opciones todos los días, pero pocas industrias lo hacen a escala tan grande o con consecuencias tan importantes como la automotriz.

Leer artículo completo en http://lat.wsj.com/articles/SB12004256792565283529804580393630323916428