Una foto difundida en redes convierte a un policía de la Ciudad de México en el héroe de la tragedia en el hospital de Cuajimalpa

Mauro Enrique Vera Suárez, de 42 años, se ha convertido en el agente más famoso de México después de que la Secretaría para la que trabaja difundiera una fotografía en la que el agente carga en brazos a un recién nacido al que acababa de rescatar de debajo de los escombros en el hospital de Cuajimalpa.

El jueves a las siete de la mañana, una explosión provocada por un escape de gas, causó la muerte de tres personas y el derrumbe de casi todo el edificio, un modesto centro de salud público, de una sola planta y especializado en neonatología. La patrulla en la que se encontraba Mauro Enrique recibió la orden de dirigirse al lugar. Tardaron en llegar alrededor de cuatro minutos, calcula. “Todavía había llamas en la pipa [el camión cisterna]. Entré en una sala llena de escombros, había láminas del techo cubriendo el piso, así que comenzamos a apartarlas”. Pasaron unos siete minutos hasta que vio moverse una pequeña sábana verde en el suelo. “Me pareció que era un pie. El bebé, una niña, estaba bocabajo. Supongo que voló por los aires desde la cuna cuando se derrumbó todo. Lo recogí, lo cobijé y salí con él”.

La Secretaría de Seguridad Pública distribuyó más tarde una foto de la escena. “#AlMomento Policía de #SSPDF en heroica labor rescata a bebé de escombros por explosión, en @CuajiProgresa”, escribió en su cuenta de Twitter el organismo. La imagen corrió como la pólvora en redes y en cuestión de horas, el agente estaba en todos los portales de noticias de Internet, calificado como “el héroe del día”.

Vera no sabía ni que le habían tomado la instantánea. Esa mañana continuó trabajando en las labores de socorro y contribuyó al rescate de otros ocho recién nacidos y dos trabajadoras. “La adrenalina es tan alta en una situación así que uno no siente miedo”. Hasta ese momento nunca había enfrentado una situación tan delicada, reconoce. “Estuve en otras emergencias, incendios… pero no de esta magnitud”. Su esposa, al verlo, lo felicitó “entre contenta y angustiada”. Mauro Enrique Vera tiene dos hijos adolescentes, pero no quiere que sean policías. “He sacrificado mucho en este trabajo, apenas hay tiempo para estar con ellos. No existen domingos, ni cumpleaños, no los he visto crecer”. Cuando ingresó en el cuerpo a los 19 años, el agente pensaba que aquel sería solo un trabajo temporal. “Tenía otras expectativas sobre mi vida. Soñaba con entrar al Colegio Militar”.

Tampoco el salario es un incentivo, alrededor de 6.000 pesos, unos 400 dólares al mes, incluyendo situaciones peligrosas e intervenciones en televisión. “Me levanto a las cuatro y media de la mañana, entro a las seis y media y salgo a las nueve de la noche”. Este sábado tampoco descansa. No considera que la imagen de una policía corrupta en México se ajuste a la realidad. Cuando él lo dice, parece cierto. “Si la gente viera lo que hacemos, se daría cuenta de que no es una labor fácil”.

A un día del accidente, reconoce saber poco de la situación de salud de los bebés. Varios continúan muy graves, no todos. La pequeña que Vera sostenía entre sus brazos falleció unas horas después del rescate por un traumatismo en el cráneo.

Publicado en el País