‘Estoy despierto menos horas que la mayoría de las personas que conozco, pero cuando estoy despierto, estoy realmente despierto’

n73A las seis de la tarde de un viernes reciente, abordé un avión rumbo a Bangalore, India. A la 1 de la tarde del martes llegué de regreso a Nueva York después de dos días de reuniones y de viajar 34 horas a través de nueve zonas horarias.

El elemento salvador fue que experimenté poco desfase horario en cualquier dirección. En comparación, muchos de los ejecutivos con quienes pasé tiempo en India estaban visiblemente agotados cuando llegaron después de sus largos vuelos, y probablemente lo estuvieron más para cuando llegaron a casa.

La paradoja es que yo parezco necesitar dormir más que la mayoría de la gente. Pero como valoro tan profundamente el dormir, he aprendido sistemáticamente a hacerlo en casi cualquier lugar en cualquier momento, y recibo mucho a cambio. La consecuencia es que rara vez luzco exhausto o trasnochado, pese a una demandante vida de viajes.

Los ritmos circadianos de mi cuerpo obviamente se vieron desafiados por el viaje a India. Pero cuando me sentía cansado durante los dos días que estuve ahí, simplemente iba a mi habitación y tomaba una breve siesta. Cuando aterricé en Nueva York, me sentía bien y fui a trabajar el resto del día.

Demasiados de nosotros seguimos viviendo el perdurable mito de que una hora menos de sueño nos da una hora más de productividad. En realidad, cada hora menos de sueño no solo nos deja sintiéndonos más fatigados, sino que también cobra un pernicioso precio a nuestra capacidad cognoscitiva. Entre más horas consecutivas estemos despiertos y menos durmamos en la noche, menos alertas, enfocados y eficientes nos volvemos, y es menor la calidad de nuestro trabajo.

Yo estoy despierto menos horas que la mayoría de las personas que conozco. Pero cuando estoy despierto, estoy realmente despierto, y eso me sirve bien en todas las dimensiones de mi vida.

Fuente: The New York Times