Luís Galindo ha trabajado más de treinta años en puestos directivos de numerosas empresas al servicio de equipos humanos, tanto en España como a nivel internacional, y confiesa ser un optimista inteligente porque “si hacemos un trabajo sin pasión no estamos dando la mejor versión de nosotros mismos”.

Por eso, Galindo ha bautizado una expresión que emplea en su día a día y con la que alienta a los trabajadores de las empresas que le contratan para dar conferencias, la misma con la que nos invita a vivir de forma plena y sin conformarnos: Galindo habla de “reilusionarse”, lo que debería hacer siempre un optimista inteligente.

En declaraciones a Notimérica.com, el socio director de Luis Galindo & Asociados ha definido el optimismo inteligente como “la capacidad de observar la realidad con objetividad, no perdiendo ni un minuto en quejarme de lo que no va bien, buscando qué puedo hacer para mejorarla”, por eso, una empresa optimista de este modo “es mucho más eficiente”.

En una empresa así planteada, “los empleados serán capaces de valorar, agradecer y disfrutar lo que sí tienen con lo que vivirán su trabajo como una forma de crecimiento personal”, lo que “repercutirá directamente en los resultados finales de la empresa”.

Galindo lo ha comprobado durante su experiencia laboral con equipos humanos en empresas variadas, como Ikea, Volvo, L’Oréal o Iberia, y recalca que el optimista inteligente no da “nada por supuesto”, sino que “todo lo agradece y valora”.

En el mundo empresarial, ser un optimista inteligente significa “ser proactivos y enfocar todos nuestros esfuerzos en trabajar para mejorar lo que nos parece que no va bien sin perder tiempo en lamentarnos por ello”. Porque si bien “no podemos cambiar las circunstancias”, lo que seguro si que podemos es “cambiar nuestras respuestas ante ellas”.

CÓMO SER UN OPTIMISTA INTELIGENTE

El optimista inteligente es, ante todo, “una persona con los pies en la tierra, proactivo y que sabe disfrutar de lo que sí funciona en su vida e intenta mejorar lo que le parece que no va bien”. Por eso, pone “mucha pasión” en mejorar lo que Galindo define como “su jardín”, en el que están él mismo, su trabajo, su familia, sus amigos.

“Un líder debe ser apasionado porque es un ejemplo”, porque “las emociones se contagian”, ya que “se expanden en nuestro entorno, no sólo en el ámbito personal sino también en el laboral”, por eso, “la actitud con la que un líder vaya cada día a trabajar será la mejor herramienta de motivación para el resto de personas de la empresa”. Un buen líder debe ser un ejemplo de optimismo inteligente, entusiasmo, ilusión y pasión.

REILUSIONARSE CON TU VIDA

Galindo ha volcado su visión de ver el mundo y de vivir la vida en su libro ‘Reilusionarse, Apasiónate por la vida’ (Alienta), en el que desarrolla el concepto de reilusionarse como “no perder la ilusión o recuperarla”. Se trata de “acostarse cada día cansado, pero satisfecho porque hemos dado lo mejor de nosotros mismos en todos los ámbitos de nuestra vida: el personal, el familiar, el social y el laboral”.

“Reilusionarse es poner pasión en todo lo que hagamos y si ponemos pasión en todo lo que hacemos, sin duda, obtendremos mejores resultados que si nos limitamos a hacer las cosas por debajo de nuestras posibilidades”, ha añadido Galindo.

Las preguntas que se hace con su vida son siempre directas y reveladoras: “¿Por qué conformarnos con una relación de pareja de 6 si podemos tener una de 8?” o “¿Por qué limitarnos a cumplir en el trabajo si podemos acostarnos con la satisfacción de haber dado la mejor versión de nosotros mismos?”.

Un ejemplo de reilusionarse es el emprendedor, ya que “vive su trabajo como una forma de crecimiento y de desarrollo personal” y “confía en que un trabajo bien hecho le va a llevar a cumplir ese sueño por el que se está arriesgando”. Por eso, para ser emprendedor se necesita “pasión por la vida e ilusión por el futuro, además de mucho coraje”.

Galindo lo tiene claro: “¡Tenemos tantas cosas por las que alegrarnos, por las que arrancar cada día, por las que vivir!”. Por eso, lo mejor es levantarse cada mañana y preguntarse “¿por qué me alegro hoy?”.

Publicado en El Economista.es