Los medios de comunicación publicaron en Septiembre, que Manuel Jonás Larrazabal, hermano del alcalde de Monterrey, Fernando Larrazabal, estaba cobrando una “cuota” al Casino Royale. También nos enteramos de la noticia de que Edgar Valdéz Villarreal, “La Barbie”, había sido liberado por policías del Estado de México, quienes además le daban servicios personales como guardaespaldas.

Estas dos noticias que debieron haber causado nuestro asombro, despertado nuestra ira, causado indignación entre la población mexicana. Lo que más me asombra, es que ya no nos causa asombro alguno, indignación o ira; tal vez vergüenza, pena ajena o una risa de impotencia. ¿Qué nos ha pasado?

No es una razón, son varias razones, entre las cuales, sólo enlisto algunas:

  1. Porque lo vemos con tanta frecuencia que ya nos acostumbramos, y el hombre se acostumbra a todo, (hasta al dolor).
  2. Porque nos sentimos impotentes para hacer algo ante un “monstruo”, sentimos que no está en nuestras manos el poder hacer algo.

Estos actos solamente evidencian el nivel de corrupción y podredumbre en nuestro país, Es verdaderamente increíble que ya no podamos separar a la autoridad, a los servidores públicos, y concretamente a la policía, de los criminales que se supone que deberían de estar combatiendo.

Dicho de otra manera, hemos “cauterizado” nuestra capacidad de asombro e indignación, y a través de este artículo los invito a la reflexión para darnos cuenta de que sí no somos parte de la solución, somos parte del problema.

Entendemos que nadie va a salir de su casa a enfrentar criminales, pero lo que sí podemos hacer, es empezar en nuestros hogares, en nuestras escuelas, en nuestros lugares de trabajo, por establecer valores que nos sirvan como parámetro para poder calificar lo que hacemos como “bueno” o “malo”.

No podemos esperar que el gobierno, haga lo que haga, y emprenda las acciones que emprenda, nos “venga a rescatar” de las bandas de criminales, cuando nosotros, seguimos propiciando con nuestros actos cotidianos, que la corrupción sea un negocio tan rentable para los criminales. Usando nuestros recursos económicos, nuestras influencias y todo lo que esté a nuestro alcance para librarnos de algún problema, obtener un trato preferencial o no cumplir la ley, manifestando el egoísmo característico de la mayoría de la población latina, y anteponiendo nuestra comodidad y bienestar individual a costa del orden y bienestar de la sociedad.

Deberíamos de empezar a practicar el “hacer lo correcto”, en cada situación, preguntándonos para cada decisión importante, si eso que voy a hacer, está prohibido por el algún código de ética o conducta del grupo social del que formo parte, o si es lo que haría si todos lo supieran, o si la decisión que voy a tomar, discrimina o afecta a alguien injustamente. El día que hagamos consciencia de que seguir haciendo lo que hacemos, porque “todos lo hacen”, es lo que alimenta la corrupción, podremos romper los paradigmas que nos han hundido en el nivel de corrupción que vivimos, y que han generado el nivel de inseguridad y anarquía en el que vivimos.

¿Queremos que nuestros hijos viva en un país con este nivel de inseguridad, corrupción y anarquía?
¿Estamos dispuestos a pagar el precio?

Dejemos de alimentar la corrupción en nuestra vida diaria, es algo que el gobierno no puede hacer por nosotros. Los invito a que hagamos este ejercicio.

Por: Fernando Sentíes Palacio